miércoles, 11 de abril de 2012

El amor de los niños grandes

La luz blanquecina baña las calles por las que pasean cogidos de la mano, mientras ellos las bañan de felicidad ora riéndose, ora besándose. Siguen su camino sin rumbo alguno, jugando como niños sin guardería, conociéndose poco a poco mejor.
Ella perdida en la profundidad de sus ojos se dispone a besarle, con la oculta intención de que el se pierda en ella. Mirándole como una jonkie, adicta al sabor de su saliva. Si placer tuviera precio, hubieran sido ricos desde la primera caricia, pues se la ve volar. Una mirada, un mordisco, cada suave ráfaga de su aliento le hacen enloquecer y tornan mas reales, si cabe, cada uno de los te quiero que se escapan entre sus labios.
Detenidos en medio de la carretera y, sin preocupación alguna, sentados en esta se abrazan y pelean, ante a atónita mirada de los vehículos que los esquivan. Tras varías piruetas (mas propias de una escuela circense que de dos jóvenes en un paso de cebra), reposan su amor y sus cabezas en la calzada. Azorada a causa de las burlas del coche que se encuentra detenido tras el semáforo se levanta y ambos emprenden otra vez su camino.
Sin parar de guerrear avanzan y retroceden, se sientan abrazados mientras ella espera convertirse en una extensión de su cuerpo de la que jamas prescinda. Se abstrae absorta en sus pensamientos de incomprensión. No entiende el porque ese ser tan prefecto, capaz de hipnotizar a cualquiera con su voz como si de una clásica sirena tentando a Ulises se tratase, ha decidido regalarle su presencia y ha dado la vuelta a su mundo. Ella, que no se cree merecedora de su tiempo y su espacio anhela su dulzura, amor y cariño cual naufraga a la espera de rescate ya que, extrañamente, en eso nos convierte el amor. Los amantes se sienten náufragos el uno en el otro, perdidos en la inmensidad de su belleza, náufragos de su mirada y su cuerpo. Pero estos náufragos no quieren ser rescatados, no. Ellos quieren conocer cada centímetro de esa isla de carne y hueso que les acoge, vagar eternamente por ella y que jamas llegue otro rescate que no sean los dedos de su amado. Ella vuelve a mirarle atontada, al que le ha devuelto la inspiración y le roba cada exhalación.
Los minutos a su alrededor pasan...de largo. Para ella el tiempo no existe en sus brazos, cualquier mal tiene solución si el la cobija en su pecho. A pesar de la edad y las posturas los juegos siguen como si hubiesen vuelto a esas edades en las que no tenías mayor preocupación que ser el que mas alto se columpiaba de todo el parque, cuando al subirse a un árbol tus pantalones y su pulcritud no eran temas de tu agrado, han vuelto a disfrutar de los detalles. No necesitan nada mas que una sonrisa para que todo pierda la importancia adulterada que nuestras mentes "adultas" le otorgan a las nimiedades que nos rodean.
Finalmente llega la hora de despedirse con promesas de reencontrarse con el sol(que empuja a la luna para adelantar ese encuentro) y entre besos eternos sin intención de ser los últimos finalmente se alejan, lentamente y sin mucha seguridad, el uno del otro.
Ella emprende el regreso a casa sola, pero acompañada de su recuerdo y sus caricias. Al amanecer la cama le desagrada si el no esta en ella; consolándose en sueños, donde cada noche le visita. Donde puede susurrarle al odio las palabras mas sinceras que sus labios son capaces de articular, intentando devolverle así una ínfima parte de todo lo que le da. Intentando, inútilmente expresarle lo que le hace sentir al sonreír. Seamos sinceros... explicándole, torpemente, que nadie me había hecho tan feliz y rogándole, incesantemente, que nunca se vaya de mi lado y que perdone mis torpes formas de expresarle todo mi amor, disfrazándolo en historias y terceras personas. Con una única demanda, que me deje disfrutar de su visión, su piel y su respiración. Que, al menos y por siempre, me deje disfrutar de el en el único lugar donde me puedo imaginar merecedora de verme iluminada por su luz, que al menos se quede conmigo en sueños.

lunes, 28 de febrero de 2011

Miedo

El miedo, era su peor enemigo. Tenía miedo a querer, tenía miedo a sentir, tenía miedo a ser como ella era. Tenía miedo de hacerle daño, de no ser perfecta para él. Tenía miedo, pensaba demasiado en todo y eso le llevaba a confusión.
Ella le quería, él le quería y todo era perfecto. Ella, a su lado era feliz, se sentía completa. Él le trataba bien, le cuidaba, le abrazada, le hacía sentir bonita y segura.
Pero como siempre, ella se rallaba. Pensaba y pensaba. Entonces aparecieron los agobios. Entonces aparecieron la inseguridades. Entonces apareció, de nuevo, el miedo.
Ella prefería estar sola, sin preocuparse por nadie y sin que nadie se preocupara por ella. Era más fácil y tendría menos responsabilidades.
Y se lo dijo, entre sollozos. Le dijo su decisión. Rompió con lo mejor que le había pasado, con el primero que le daba lo que ella necesitaba.
Y no sirvió de nada. Ahora estaba sola, libre y destrozada. Le añoraba, le necesitaba, le quería más que nunca. Se sentía una niña caprichosa, que solo quería lo que no tenía. Pero le quería.
Y, como no, hay estaba el miedo, el miedo a decírselo. Y la culpabilidad. No quería marearle más, no quería hacerle otra vez lo mismo. Pero aún así necesitaba abrazarle y tenerle cerca, muy cerca.
Una vez más, maldijo el miedo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Diez y seis

Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis...La inocente niña tarareaba sin preocupación. Seis y dos son ocho y ocho dieciséis...Mientras canturreaba daba esos pequeños saltitos que tenía por pasos. Ya me se las tablas de multiplicar, el año que viene me podre casar...La pequeña niña de pómulos sonrojados cayo desplomada al suelo. Es lo malo de la armas, matan.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Diosa

Describirla es imposible, demasiada perfección junta como para plasmarla en palabras. Solo su melena negra como el carbón, manchada de reflejos azulados, era obnubilante. Sus ojos verdes no te dejaban mirar a ningún otro de sus perfectos rasgos. Las rayas amarillentas que se dibujaban en su iris hacían que te enganchases a ellos. Sus labios carnosos, rosados, de apariencia dulce, eran una perdición. La forma que tenía de humedecérselos con la lengua, como jugaba con ellos, el piercing que los adornaba. Podían representar el erotismo en estado puro.
Pero no solo su cara era perfecta. Sus curvas eran hipnotizantes: sus pechos, suaves, voluminosos y altos; su trasero, duro, respingón, de un tamaño perfecto; sus piernas, largas, finas. Toda ella era perfecta. Y ella lo sabía.
Le gustaba que la miraran. Era coqueta, pero no llegaba a ser vanidosa. Le gustaba pintar sus labios de rojo sangre, alargar sus pestañas, resaltarse lo ojos. Sus escotes, nunca excesivos, mostraban sus rasgos femeninos. Sus pitillos, ajustados, marcando todos sus encantos. Encantos que se veían resaltados por unos tacones de vértigo.
Cuando salía prefería ponerse falda. Todas las noches se la levantada en algún rincón oscuro y dejaba que le hicieran gozar. Ella no ligaba, iba de caza. Buscaba una presa, la atraía a ella y le hacia sentir un placer mayor a todos los que hubiera conocido. Porque, incluso en un turbio rincón oscuro, era increíble. Una diosa.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Locuras

Un asesinato bien realizado es una forma de arte. Un asesinato con estilo debería estar bien considerado en sociedad. Un asesino en libertad debe sentirse el mayor artista de todos los tiempo. ¡Que le den a Van Gogh y a Dalí! Un buen asesino hace arte real, tangible.
Un asesino no le pega dos puñaladas por la espalda a su víctima, no se lo permite. Un asesino elabora un plan. Un asesino atrae a su víctima hasta sus redes. Hace que esta desee morir.
Un buen asesino trata bien a su víctima. Le provoca placer, violándola. Le hace sentirse libre, tirándola por una ventana. Le hace sentirse útil, teniéndola por esclava.
Un buen asesino es aquel que hace sufrir a su víctima y de ello saca placer. Un buen asesino consigue que no le encierren. Es lo suficiente retorcido como para conseguir que su víctima le ame, que no quiera separarse de él. Un buen asesino es aquel que jamas tiene remordimientos.

El momento esperado

El cielo, nublado, encima nuestro, nos observa desde fuera. Unos rayos de sol que se filtran entre las nubes y atraviesan la ventana, solo para nosotros. Tus labios, perfectos, me sonríen. Tus ojos, de un marrón impresionante, me miran.
Mis mejillas arden, se tornan rojas, todo gracias a ti. Te oigo respirar, se me pone la piel de gallina. No puedo aguantar más, te beso.
Nuestros labios chocan y se acarician. Compartimos el aire de nuestro al rededor. Tu lengua, decorada, toca la mía. Enloquece. El sabor de tu saliva, me embriaga. Me acerco más a ti, necesito tu calor.
Tus manos se posan sobre mi espalda, las mías en tu pelo. Caricias, susurros, risas, mordiscos. Poco a poco tu mano se esconde bajo me camiseta. La mía sigue un camino similar. Vas bajando, con delicadeza, hasta que llegas a tu destino. Seguimos inspeccionándonos, cada centímetro, cada rincón de nuestro cuerpo. No queda un trozo de mi piel que no disfrute de tu contacto.
El ambiente de caldea. Nos va sobrando la ropa. Me susurras al oído. Se puede palpar la excitación en el ambiente.
Poco a poco la cosa va a mas, y la ropa a menos. Desnudos, notándonos, llega el momento esperado. Un momento demasiado privado como para escribirlo.

viernes, 13 de agosto de 2010

Apaga tus verdes luces, que viene la benemérita

Corre, niña, corre. Corre, más rápido, que no te alcancen. Sigue corriendo, no pares, no dejes que el cansancio te frene.
Ella corre, no sabe porque, pero ella corre. Se lo ha dicho alguien que nunca le ha mal aconsejado. Esta exhausta pero tiene miedo de parar, aún oye los gritos. En ese momento pone atencion y entre ellos oye un llanto. Se le parte el corazon. Ese llanto solo puede ser de un niño. Del pequeño bebe que tuvo hace escasos dos meses su vecina.
Conoce a todos y cada uno de los pueblerinos que en ese momento gritaban, y todos le conocen. Era lo que más le gusta de vivir en un pueblo tan pequeño, forman una gran familia.
Una gran familia que ahora se esta deshaciendo, la mayoria de los miembros de esa familia están pereciendo. Pocos son los afortunados que, como ella, han conseguido huir de esa gran masacre que esta provocando la policia.
Ella creía que venían a ayudarles, a sacarles de esas chavolas y esa tremenda miseria. Pero no, ellos son gitanos, son escoria, no pueden estar ahí, molestan. Son la peste, ladrones, malas personas. Ellos provocan todas la peleas, ellos rompen escaparates, rajan a hombres y violan a mujeres. Ellas provocan disturbios, todas sus joyas son robadas y tienen costumbres extrañas. Al menos, esos son los motivos que pone la benemérita para quemar todas sus posesiones y a todos aquellos que no quieren salir de sus hogares.
Los cuerpos de las ley han decidido extinguirles.

http:/www.youtube.com/watch?v=G9Pz0nPckTY