Corre, niña, corre. Corre, más rápido, que no te alcancen. Sigue corriendo, no pares, no dejes que el cansancio te frene.
Ella corre, no sabe porque, pero ella corre. Se lo ha dicho alguien que nunca le ha mal aconsejado. Esta exhausta pero tiene miedo de parar, aún oye los gritos. En ese momento pone atencion y entre ellos oye un llanto. Se le parte el corazon. Ese llanto solo puede ser de un niño. Del pequeño bebe que tuvo hace escasos dos meses su vecina.
Conoce a todos y cada uno de los pueblerinos que en ese momento gritaban, y todos le conocen. Era lo que más le gusta de vivir en un pueblo tan pequeño, forman una gran familia.
Una gran familia que ahora se esta deshaciendo, la mayoria de los miembros de esa familia están pereciendo. Pocos son los afortunados que, como ella, han conseguido huir de esa gran masacre que esta provocando la policia.
Ella creía que venían a ayudarles, a sacarles de esas chavolas y esa tremenda miseria. Pero no, ellos son gitanos, son escoria, no pueden estar ahí, molestan. Son la peste, ladrones, malas personas. Ellos provocan todas la peleas, ellos rompen escaparates, rajan a hombres y violan a mujeres. Ellas provocan disturbios, todas sus joyas son robadas y tienen costumbres extrañas. Al menos, esos son los motivos que pone la benemérita para quemar todas sus posesiones y a todos aquellos que no quieren salir de sus hogares.
Los cuerpos de las ley han decidido extinguirles.
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