lunes, 13 de diciembre de 2010

Diosa

Describirla es imposible, demasiada perfección junta como para plasmarla en palabras. Solo su melena negra como el carbón, manchada de reflejos azulados, era obnubilante. Sus ojos verdes no te dejaban mirar a ningún otro de sus perfectos rasgos. Las rayas amarillentas que se dibujaban en su iris hacían que te enganchases a ellos. Sus labios carnosos, rosados, de apariencia dulce, eran una perdición. La forma que tenía de humedecérselos con la lengua, como jugaba con ellos, el piercing que los adornaba. Podían representar el erotismo en estado puro.
Pero no solo su cara era perfecta. Sus curvas eran hipnotizantes: sus pechos, suaves, voluminosos y altos; su trasero, duro, respingón, de un tamaño perfecto; sus piernas, largas, finas. Toda ella era perfecta. Y ella lo sabía.
Le gustaba que la miraran. Era coqueta, pero no llegaba a ser vanidosa. Le gustaba pintar sus labios de rojo sangre, alargar sus pestañas, resaltarse lo ojos. Sus escotes, nunca excesivos, mostraban sus rasgos femeninos. Sus pitillos, ajustados, marcando todos sus encantos. Encantos que se veían resaltados por unos tacones de vértigo.
Cuando salía prefería ponerse falda. Todas las noches se la levantada en algún rincón oscuro y dejaba que le hicieran gozar. Ella no ligaba, iba de caza. Buscaba una presa, la atraía a ella y le hacia sentir un placer mayor a todos los que hubiera conocido. Porque, incluso en un turbio rincón oscuro, era increíble. Una diosa.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Locuras

Un asesinato bien realizado es una forma de arte. Un asesinato con estilo debería estar bien considerado en sociedad. Un asesino en libertad debe sentirse el mayor artista de todos los tiempo. ¡Que le den a Van Gogh y a Dalí! Un buen asesino hace arte real, tangible.
Un asesino no le pega dos puñaladas por la espalda a su víctima, no se lo permite. Un asesino elabora un plan. Un asesino atrae a su víctima hasta sus redes. Hace que esta desee morir.
Un buen asesino trata bien a su víctima. Le provoca placer, violándola. Le hace sentirse libre, tirándola por una ventana. Le hace sentirse útil, teniéndola por esclava.
Un buen asesino es aquel que hace sufrir a su víctima y de ello saca placer. Un buen asesino consigue que no le encierren. Es lo suficiente retorcido como para conseguir que su víctima le ame, que no quiera separarse de él. Un buen asesino es aquel que jamas tiene remordimientos.

El momento esperado

El cielo, nublado, encima nuestro, nos observa desde fuera. Unos rayos de sol que se filtran entre las nubes y atraviesan la ventana, solo para nosotros. Tus labios, perfectos, me sonríen. Tus ojos, de un marrón impresionante, me miran.
Mis mejillas arden, se tornan rojas, todo gracias a ti. Te oigo respirar, se me pone la piel de gallina. No puedo aguantar más, te beso.
Nuestros labios chocan y se acarician. Compartimos el aire de nuestro al rededor. Tu lengua, decorada, toca la mía. Enloquece. El sabor de tu saliva, me embriaga. Me acerco más a ti, necesito tu calor.
Tus manos se posan sobre mi espalda, las mías en tu pelo. Caricias, susurros, risas, mordiscos. Poco a poco tu mano se esconde bajo me camiseta. La mía sigue un camino similar. Vas bajando, con delicadeza, hasta que llegas a tu destino. Seguimos inspeccionándonos, cada centímetro, cada rincón de nuestro cuerpo. No queda un trozo de mi piel que no disfrute de tu contacto.
El ambiente de caldea. Nos va sobrando la ropa. Me susurras al oído. Se puede palpar la excitación en el ambiente.
Poco a poco la cosa va a mas, y la ropa a menos. Desnudos, notándonos, llega el momento esperado. Un momento demasiado privado como para escribirlo.