lunes, 28 de febrero de 2011

Miedo

El miedo, era su peor enemigo. Tenía miedo a querer, tenía miedo a sentir, tenía miedo a ser como ella era. Tenía miedo de hacerle daño, de no ser perfecta para él. Tenía miedo, pensaba demasiado en todo y eso le llevaba a confusión.
Ella le quería, él le quería y todo era perfecto. Ella, a su lado era feliz, se sentía completa. Él le trataba bien, le cuidaba, le abrazada, le hacía sentir bonita y segura.
Pero como siempre, ella se rallaba. Pensaba y pensaba. Entonces aparecieron los agobios. Entonces aparecieron la inseguridades. Entonces apareció, de nuevo, el miedo.
Ella prefería estar sola, sin preocuparse por nadie y sin que nadie se preocupara por ella. Era más fácil y tendría menos responsabilidades.
Y se lo dijo, entre sollozos. Le dijo su decisión. Rompió con lo mejor que le había pasado, con el primero que le daba lo que ella necesitaba.
Y no sirvió de nada. Ahora estaba sola, libre y destrozada. Le añoraba, le necesitaba, le quería más que nunca. Se sentía una niña caprichosa, que solo quería lo que no tenía. Pero le quería.
Y, como no, hay estaba el miedo, el miedo a decírselo. Y la culpabilidad. No quería marearle más, no quería hacerle otra vez lo mismo. Pero aún así necesitaba abrazarle y tenerle cerca, muy cerca.
Una vez más, maldijo el miedo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Diez y seis

Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis...La inocente niña tarareaba sin preocupación. Seis y dos son ocho y ocho dieciséis...Mientras canturreaba daba esos pequeños saltitos que tenía por pasos. Ya me se las tablas de multiplicar, el año que viene me podre casar...La pequeña niña de pómulos sonrojados cayo desplomada al suelo. Es lo malo de la armas, matan.